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Makgiver

Fantasia

Te despiertas atada a un viejo árbol seco. Tus brazos extendidos, atados con firmeza sobre tu cabeza. Una suave brisa, eriza la piel de tu cuerpo desnudo. Tratas de mover los pies, pero es inútil. Te desesperas, no recuerdas como llegaste ahí, Quieres ordenar tu mente, acordarte de lo que pasó, pero no lo logras.

Al levantar la mirada, ves un mar de estrellas titilantes en el cielo diáfano e inmenso. Quedas maravillada por un instante, y fijas la vista en una estrella solitaria, alejada de cualquier otra. Piensas entonces en tu soledad, en tu vulnerabilidad.

Oyes pasos aplastando la hierba, a tus espaldas. Unas manos acarician tus senos, juegan con tus pezones. Las reconoces, solo por su tacto, por la manera de acariciar. Una punzada de dolor, al ser oprimimos bruscamente, confirma tus sospechas.

No comprendes aún que haces allí, ni como llegaste, pero la certeza de encontrarte en manos de quien supones, te tranquiliza.

Una venda ciega tus ojos, escuchas sus movimientos. Rápido, tus pies son liberados, te toma por los muslos, que separa lentamente. Sientes el calor de su cuerpo pegado al tuyo, y una oleada de éxtasis que te recorre. Te penetra con violencia, pero lo admites sin cuidado, de tan lubricada que estás. Sus manos toman las tuyas en lo alto, y sientes tu espalda lastimarse contra la rugosa piel del árbol. Pero no te importa, soportas el dolor, que solo incrementa tu placer.

Lo atesoras con tus piernas, rodeándole la cintura. Sientes como se interna lentamente en ti, hasta el fondo, y estallas en tu primer orgasmo. Te suceden varios, encadenados, mientras el te posee cada vez más salvajemente, alternando tus orificios. El último, glorioso y desesperante, proviene de sentirte plena, llena de candente semen.

Te despiertas en tu cama, sobresaltada. Indudablemente que ha sido solo un sueño, y te estiras feliz, hasta que sientes el ardor de tu espalda…

2 comentarios

Mak -

Bingo, la segunda fantasía pero sin patito de goma!!!!!!!!!!!!!!

gessami -

-¡Y eso es todo!


El monitor saluda a sus alumnos y les aplaude. Ellos le devuelven el aplauso.


-Hasta mañana, chicos. Ha sido una clase magnífica.


Empiezan todos a recoger sus pertenencias y a salir de la sala. Ha sido una sesión de aeróbic agotadora. Ella recoge su bidón del suelo, dispuesta a echar un trago. Está vacío, no hay en él ni gota. Maldice entre dientes y se dirige hacia la salida. Por el camino se cruza con el chico que ha estado detrás de ella durante la clase. A través de los espejos ella ha comprobado que no le ha sacado el ojo de encima en toda la hora. Le dirige una sonrisa y pasa a su lado. Se gira para saludar al monitor y al hacerlo se ve en el espejo. Alta, rubia, con el cuerpo completamente empapado en sudor, enfundado en un ajustadísimo maillot negro. Le gusta su imagen, se siente orgullosa. Un día, hace meses, alguien le comentó que estando así, con el cuerpo reluciente por el sudor y las mejillas encendidas, ofrecía una imagen muy sexy. Se mira al espejo y piensa que en cierta forma es verdad. Sale de la sala y se dirige hacia las salas circundantes para ver si le ve. Pero no hay suerte, parece que hoy no ha venido. Se muere de sed y decide ir al vestuario, a beber un buen trago de agua.


Entra en el vestuario y se dirige hacia su taquilla, situada en la última fila. A medida que avanza va observando a todas las mujeres que se encuentran en el recinto. Se le ocurre que un hombre disfrutaría pudiendo entrar de camuflado en este lugar. Sería para él una especie de curso acelerado sobre todos los tipos de mujeres que se puede uno encontrar. ¿Le gustan jóvenes? Allí hay una. ¿Las prefiere con pecho abundante? Allí hay dos, decida si le gusta más el pecho caído o aquel tan redondo que casi parece de silicona. ¿Considera que mojadas están más sexys? Allí detrás están las duchas, no se corte. ¿Las prefiere flacas o llenitas? ¿De pie o inclinadas hacia delante y con el culo en pompa? Escoja, por favor, aquí hay de todo: jóvenes y maduras, en forma o más bien fofas, delgadas o gordas, con pechos grandes o muy planas, con vello púbico o... ¿o? No, aquí no hay ‘o’. Ya hace días que se ha fijado que en todo el vestuario ella parece ser la única mujer que va del todo rasurada. Es más, se ha dado cuenta que cuando se desnuda y se dirige a las duchas más de una se la mira con cara de curiosidad, interrogación o estupefacción. Todo depende de la persona, pero se ha dado cuenta que quien lo advierte no se queda indiferente. Ayer mismo se lo comentó a su marido, y este le dijo que más de una debe pensar que ella es un puta de lujo. Sonríe para sí y se dirige hacia la fuente de agua potable. Bebe un buen trago. Ahora ya se siente mejor, así que emprende rumbo directo hacia su taquilla para desvestirse y ducharse.


Se desnuda y se dirige hacia las duchas. Entra en una y abre el agua. Sale helada, parece ser que no funciona. Se estremece y se le pone la piel de gallina. Cierra el agua y se dirige hacia la ducha contigua. Sí, aquí sí que sale calentita. Se pone bajo el chorro disfrutando de la sensación que le produce el agua recorriendo todo su cuerpo. Coge el champú y se enjabona el cabello y el cuerpo. Vuelve a abrir el agua y se coloca bajo el chorro. Cierra los ojos y se concentra en el agua, intenta percibir con cada poro de su piel como el agua tibia se desliza por ella. Se gira y pone su cara bajo el chorro. La sensación es absolutamente placentera y, sin darse cuenta, entreabre sus labios. El agua tamborilea contra ellos, suavemente, es agradable. Abre la boca un poco más y saca su lengua. El agua cae sobre ella, la envuelve en un manto húmedo y caliente. Con los ojos cerrados y esta sensación sus pensamientos vuelven a volar hacia él. Casi se siente como si estuviera recibiendo en este mismo instante un beso cálido y húmedo, muy húmedo. Inspira profundamente y le parece sentirle delante suyo, besándola lentamente. Abre la boca un poco más, saca la lengua y se echa para adelante dispuesta a encontrar sus labios. Pero no los encuentra, el hechizo se rompe, despierta bruscamente y se vuelve a encontrar en la ducha.


Se apodera de ella una sensación de rabia. Lo que daría ella ahora por que él estuviera allí, en la ducha, junto a ella. Cierra los ojos y rememora los acontecimientos del día anterior. Hicieron el amor, su mejor encuentro desde que se conocieron. La hizo correrse una y otra vez, perdió la cuenta de las veces que alcanzó el orgasmo. Recuerda con especial agrado cuando él hundió su cara entre sus piernas. Ella estaba allí tumbada, con las piernas completamente abiertas, rasurada por completo, el clítoris y la vagina totalmente expuestos a sus juegos y lametazos. La chupó, la lamió, y ella estaba tan excitada que ante el más mínimo roce de sus labios o su lengua notaba como se estremecía todo su cuerpo. Hicieron todo cuanto se les antojó, él la masturbó y luego ella le montó, se sentó encima suyo hundiendo su grueso miembro en su propio cuerpo. El solo recuerdo de todo aquello hace que se vuelva a estremecer. Abre de nuevo la boca y saca la lengua. Sólo un poquito, para notar como el agua tamborilea contra ella. Suspira. Piensa en él, empieza a acariciarse. Sus manos recorren su propio cuerpo, suavemente, bajo el manto de agua que cae de la ducha. Se acaricia los pechos, los aprieta, nota como sus pezones se ponen duros, tiesos. Se sigue acariciando y se da cuenta de que la humedad existente entre sus piernas empieza a no deberse exclusivamente por el agua de la ducha. Baja una mano hasta sus labios inferiores y los introduce entre ellos. Realmente está empapada. Su cuerpo está listo para recibir a su amante o, en su defecto, a su propia mano. Se frota el clítoris, lo nota hinchado y duro. Se le escapa un gemido. Eso la devuelve a la realidad de forma brusca. Mira hacia fuera, preocupada por que alguna de sus compañeras la pueda haber oído. Pero no hay nadie. Esto la tranquiliza. Vuelve a cerrar sus ojos y su mano empieza a jugar de nuevo.


Pasa un dedo por encima de su clítoris, sólo uno. Lo pasa una y otra vez, bien tieso. Luego atrapa este órgano tan sensible entre dos dedos y va frotándolo con ellos de abajo hacia arriba. Instintivamente su pelvis se echa para adelante y siente como su cuerpo le pide que avance un pasito más. Baja su mano hasta la vagina e introduce en ella un dedo. Aprieta con fuerza, cierra la vagina entorno a este dedo. Y una vez atrapado, empieza a moverlo por dentro, frotando con él la pared anterior de la vagina. Su pelvis empieza a actuar de forma independiente, iniciándose un movimiento rítmico. Mete un dedo más, se inclina hacia delante y se pone de puntillas, con las rodillas dobladas hacia delante. Sus piernas empiezan a temblar, ella empieza a jadear, a ratos se preocupa por si alguien la oye pero después se vuelva a olvidar de ello. El ritmo de su pelvis y de sus dedos se acelera, mientras ella sigue pensando con los ojos cerrados en él, se imagina que es él quien la está penetrando con sus dedos, quien está masturbándola con el único fin de hacerle perder la cabeza. Con la mano que tiene libre se apoya en la pared de azulejos, su cuerpo está ya tan arqueado que sino perdería el equilibrio. Baja la mirada y ve como su propia mano aparece y desaparece entre sus piernas. Pero ella no ve su propia mano, ve la de él, es la de él la que la está llevando a la cumbre, mientras el agua tibia sigue cayendo sobre ella. Siente que está a punto de llegar. Saca sus dedos de la vagina y los mueve en círculo por encima de su clítoris. Cada vez más rápido, el cuerpo cada vez más arqueado, aguantándose en la pared y con la cara vuelta hacia la ducha y los labios entreabiertos. Cuando piensa que va a reventar se produce el estallido. Su cuerpo se convulsiona, tiembla de forma descontrolada y ella ahoga a duras penas los gemidos que se escapan de su garganta. Se queda allí, apoyada en la pared, sin fuerzas y dejándose llevar por la placentera sensación del orgasmo y del después de.


Una vez recuperada se dirige de nuevo a su taquilla. Se quita la toalla y se dispone a vestirse cuando advierte que su compañera de al lado mira su pubis depilado con expresión de horror. Ríe en su interior... ¿alguna vez sabrá ella los placeres no imaginados que esconde esta práctica? Ella se lo pierde...