El Sindrome Gris
Aunque es variable suele aparecer entre los 40 y los 50. En esa década uno abandona definitivamente la juventud para formar parte de los adultos-adultos. Por esas fechas la inmensa mayoría ya renunció a los sueños y ha de asumir el resultado, que no es tan satisfactorio como se soñó. Los hijos son adolescentes y actúan como una especie de espejo en negativo donde vemos nuestras primeras canas y arrugas incipientes. La relación de pareja, siempre difícil, no suele pasar por su mejor momento. La pasión decrece y ya no es tan fresca nuestra piel. Surge entonces en algunos una reacción súbita que parece transformarlo todo y que resulta extraña para los que le rodean. De la noche a la mañana se atiborran de gimnasio, pierden 20 kilos, cambian el estilo de vestir por otro más juvenil y desenfadado, se compran un coche potente con aire deportivo y repiten con frecuencia que sólo se vive una vez. Si además se cruza en su camino una joven de su edad, todo estalla. Es la bomba: "A gato viejo, ratita tierna", dicen socarronamente en mi pueblo.
Las separaciones son frecuentes durante el síndrome gris. Animados por la nueva pasión se lanzan a empezar de nuevo, sienten que tienen que vivir su vida, como si no fuera suya la que vivieron hasta ahora. "Redecora tu vida", dicen en Ikea. Supongo que algunos aciertan y me consta que otros muchos no. Ya saben aquello que decía: "El que al casarse acierta, en nada yerra". Da cuenta de lo difícil que es la elección. He oído decir también que el segundo matrimonio es el triunfo de la esperanza sobre la experiencia. Prudencia, prudencia, en momentos de crisis no conviene tomar decisiones importantes, en época de tribulaciones no conviene hacer mudanzas.
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biuti -